Es un tipo de hormigón que utiliza microorganismos para regenerar los daños por grietas en las estructuras.

El material más utilizado en la industria de la construcción es el hormigón. Sin embargo, con el paso del tiempo la degradación comienza a presentarse, y para hacer frente a los daños existe una alternativa llamada biohormigón.
La degradación de las estructuras representa uno de los mayores desafíos técnicos y financieros para el sector de la construcción. La entrada de agua, dióxido de carbono y agentes agresivos como el cloruro a través de microgrietas, desencadena la corrosión de armaduras de acero lo que compromete la integridad de la obra.
Pero, frente a este dilema de la ingeniería civil, la biotecnología desarrolló un material inteligente capaz de sellar las grietas. Y esto es gracias a la inclusión de microorganismos vivos en su fórmula: el biohormigón.
Pero ¿qué es el biohormigón? no es más que un tipo de hormigón que utiliza microorganismos para regenerar los daños por grietas en las estructuras, lo que permite que su reparación sea autónoma y además es sostenible.

La ciencia detrás del biohormigón
El biohormigón fue desarrollado en la Universidad Tecnológica de Delft en los Países Bajos, por científicos liderados por el microbiólogo Henk Jonkers.
Mezcla la receta tradicional del cemento, agua y agregados con dos ingredientes biológicos fundamentales: Las esporas de la bacteria Bacillus pseudofirmus (o Bacillus cohnii) y los nutrientes a base de lactato de calcio.
Estas bacterias son extremadamente extremófilas. Ya que pueden sobrevivir dentro del hormigón en un estado latente durante décadas, sin requerir oxígeno ni alimento.
¿Cómo funciona el biohormigón?
Las bacterias permanecen inactivas en forma de esporas dentro de la matriz seca y pueden subsistir sin oxígeno ni alimento durante décadas. Pero, cuando el concreto se fisura y permite la filtración de agua y oxigeno ambiente, la humedad rompe las cápsulas y hace que las esporas despierten de su estado latente.
Además, en su proceso metabólico las bacterias convierten el lactato de calcio en carbonato de calcio, es decir, piedra caliza. Este mineral se deposita progresivamente en la fisura sellándola por completo en un período de dos a tres semanas.
Sin embargo, el biohormigón no se limita a la innovación del laboratorio porque reconfigura directamente la economía de la construcción a largo plazo. Al bloquear el ingreso de humedad y agentes agresivos como el cloruro o sulfato, antes de que alcancen el acero de refuerzo, las estructuras pueden extender su durabilidad de los 50 u 80 años promedio hasta superar el siglo de vida útil.
Además, la reparación tradicional de fisuras en puentes, túneles, represas o cimientos requiere maquinaria pesada e intervenciones complejas. Pero, la capacidad autorreparadora elimina gran parte de estos costos operativos durante la fase de explotación.
Aunque el costo inicial de formulación del biohormigón es superior al del concreto tradicional, el retorno de inversión se consolida en los primeros años de operación de la infraestructura






























